Las fotografías más emblemáticas que uno realiza, aparte de intentar transmitir cierto mensaje al espectador, deben suponer para uno mismo cierta satisfacción, ya sea por la dificultad, por los momentos vividos o por la dificultad de la especie.

Tuve claro, desde que comencé con esta especialidad, la responsabilidad que tiene todo fotógrafo de naturaleza de transmitir por medio de sus fotografías, los momentos singulares de la misma, para forzar a que el espectador reflexione acerca de su belleza y de la importancia de su conservación.

Una de mis especies favoritas era el Urogallo, pero al no estar permitido fotografiarlo, tuve que esperar varios años hasta que pudo hacerse posible en el Valle de Arán.

Después de pasar la noche en un hide a más de 2.000 metros de altitud, me despiertan a las 5 de la mañana los urogallos con sus cantos de celo(castañueleo); con las primeras luces del día me encontré con agradables sorpresas.

Experiencia muy gratificante que compensa las muchas horas que estamos en los hides y no siempre con éxito.