El contacto visual con cualquier especie salvaje siempre conlleva cierta dosis de admiración e inquietud por parte del fotógrafo.

En este caso, el acercamiento directo del leopardo, su mirada mantenida, entre poderosa y desafiante, me impactó.

Después de una espera de cerca de dos horas a que bajase del árbol donde dormitaba, y prácticamente de noche, comprendí que comenzaba su jornada de caza sí o sí, independientemente de que yo estuviera en su camino.

La foto se realizó en el PN Samburu en Kenya.